
Pestañear pensaba, exhalar hacia,
existir podía... el morir pedía!
El alma absorta ya no se quejaba,
de la vida hueca que un día tomó.
De ella nada atendió,
tan solo hizo una mueca, que al tiempo quebraba...
Esperanza que no fue,
ni para él ni para nadie,
que no le permitiera,
volver a verla otra vez...
Tenerla aun con su altivez
cuando le amaneciera
y en su mirada un dejo de desaire.
La esperanza, ella que no fue.
Cansino, obligo al poco de ser
que me resta y me exige,
un desprecio mas de su boca sabe,
un hombre menos en su desdicha cabe.
Un despojo de vida con sed
que despacio se ahoga y no rige,
la voluntad que hurtada encontró,
la temeridad que la muerte le dio.
Tita, 20 de Febrero de 2009